Resulta interesante a la vez que contradictorio contemplar el panorama creativo en la empresa, ya que en ocasiones estas están tan preocupadas por encontrar al “súper creativo” que no pueden percibir las interesantes aportaciones creativas que pueden destilar los componentes de su plantilla, porque quizá simplemente no se le ha brindado tal oportunidad.

Como ya nos adelantó Guilford en 1951, podemos clasificar el pensamiento productivo en pensamiento convergente, entendido como lógico, convencional, racional y pensamiento divergente, impregnado de originalidad y cuestionando lo evidente. Éste estaría estrechamente ligado al pensamiento lateral de Debono que definió como pensamiento creativo, lateral o aventurero.

Si entendemos la creatividad como una cualidad que todo el mundo posee en diferentes medidas, y que es susceptible de ser estimulada y desarrollada, resulta curioso escuchar que en las empresas el 90% de la creatividad es erradicada debido a que solo se tiene en cuenta las ingeniosas ideas de los altos cargos, sin atender las posibles genialidades del resto de la plantilla. De ahí, la especial importancia en desarrollar el talento de todas las personas que forman parte de la organización, y ya no solo desarrollarlo, sino simplemente dejarlo fluir y brillar en lugar de apagarlo.

Puesto que cada uno de nosotros poseemos unas capacidades creativas, si remamos todos hacia el mismo sentido conseguiremos transformar la creatividad en la innovación que nuestra organización necesita y/o está buscando. Porque si innovamos descubriremos nuevos caminos no explorados, seremos los primeros, mientras que el resto de empresas no creativas simplemente seguirán el camino que otros ya han descubierto. Llegados a este punto, cada empresa debe replantearse su posición o modo de actuar que elige, si seguir o ser seguida.