Estamos en la época de la tecnología, cada día surgen nuevas herramientas tecnológicas que pretenden facilitar la vida a las empresas. Es muy común que todas las empresas usen gestores de proyectos, software de gestión integral u otras herramientas. Sin lugar a duda éstas herramientas son útiles pero sin embargo suelen ser implantadas sin un estudio detallado de sus utilidades y lo que es peor aún, sin tener en cuenta las necesidades empresariales.

Parece que las empresas pretenden subirse al carro de la tecnología en la modernización de sus estructuras y procesos pero sin interiorizar el cambio necesario. Que es lo que queremos decir con esto: para que se produzcan saltos de productividad en las empresas no basta con tener lo último en tecnología y discutir sobre cual es la mejor herramienta.

En muchos casos son muy parecidas en relación a su funcionalidades y lo que realmente hace falta es interiorizar su uso en la empresa. No podemos olvidar que la empresa está compuesta por personas y son éstas las que tienen que trabajar con las herramientas.

Para su implantación no es suficiente que la alta dirección imponga su uso sin más, es necesario adaptarlas al personal, promover su uso e incluso dar formación para conocer sus ventajas, el por qué o qué se espera de su uso. Si queremos que éstas herramientas nos proporcionen saltos de productividad es necesario armonizar las herramientas con la mecánica de la empresa y a su vez con las personas que componen la organización.

Por lo tanto no tiene mucho sentido implantar herramientas sin un proceso de adaptación o ya sea por demostrar estar en la vanguardia de herramientas sí éstas no nos proporcionan ventajas competitivas. Sólo áquellas empresas que sepan armonizar las herramientas que le sean útiles con su mecánica de trabajo conseguirán mejorar sus resultados en tiempo y forma.